Las metodologías ágiles nacen en el ámbito del desarrollo de software. Frente a la rigidez de las metodologías con fases estancas de principio a fin del proyecto (que ellos denominan “procesos”), su forma de afrontar el encargo se basa en realizar sucesivas aproximaciones al problema general que den soluciones rápidas y funcionales a aspectos concretos, cuya utilidad contrastamos inmediatamente con el cliente. Son las “iteraciones” o ciclos de desarrollo completos en plazos breves de tiempo (2-4 semanas). Esto permite tener software que funciona desde el principio, conocer mejor el producto que se persigue y mejorar la satisfacción de los clientes.
“Las prácticas ágiles están especialmente indicadas para productos difíciles de definir con detalle en el principio, o que si se definieran así tendrían al final menos valor que si se van enriqueciendo con retro-información continua durante el desarrollo. También para los casos en los que los requisitos van a ser muy inestables por la velocidad del entorno de negocio”.
En nuestro caso, al arrancar, encontramos alguna dificultad en la definición de la estructura de contenidos; problemas heredados de la forma de publicación en la web anterior y la propia estructura organizativa del cliente.
Por un lado ha sido necesario acompañarle en la definición de sus contenidos y cómo estructurarlos. Por otro, ha resultado muy útil desarrollar algunas soluciones parciales para contrastar si lo que les planteabamos sirve o no a sus rutinas de producción y publicación de contenidos. De esta manera nos hemos visto, en la práctica, implementando algo muy parecido a una metodología ágil.
Esta filosofía es cada vez más popular entre la gente que desarrolla/mos aplicaciones para web sobre todo con Rails y CMS. Creo que sería deseable aprender de ella y trasladarla también al ámbito de la gráfica en la medida que sea posible.
¿Cómo podría ser esto?
Por ejemplo, a partir de los primeros contactos con el cliente, y sin que mediara un “briefing” formal, contando sólo con algunas premisas (un logotipo recién consensuado, algunas explicaciones sobre sus formas de comunicación habituales, la revisión de algunos materiales gráficos producidos con anterioridad) rápidamente pasamos una primera visión de la portada sin ajustes o segundas opciones. Se trata sólo de hacer visible lo hablado en la primera conversación (tono de color dominante, ausencia de elementos gráficos o fotográficos de contexto, tipografías, elementos del menú principal) y tantear su sensibilidad (uso de formas simples y planas, paleta, grandes contrastes, elementos icónicos etc.)
La idea es perfilar los conceptos a partir de una aplicación práctica de las primeras ideas. Ésta primera pieza se compone de elementos gráficos y contenidos que podrían ser reales, aunque estén todavía por establecer definitivamente. Eso permite al cliente aportar respuestas más ajustadas a algunas preguntas que les planteamos. En el caso de una web, este método nos permite además trabajar varios niveles de diseño orgánicamente integrados (que es como deberán funcionar después). Tanto la imagen general como el diseño de la información en la página o una aproximación a la rejilla.
Este primer diseño en sí mismo es una respuesta espontánea a las primeras conversaciones. No está muy conceptualizado pero nos ayuda a perfilar mejor esos conceptos que buscamos. No es definitivo pero no hemos invertido en él un montón de horas. Tendremos que rehacerlo, pero no lo haremos solos sino con la ayuda del cliente y seremos más certeros. Hay que confiar en que éste también aprende y sus ideas se aproximarán a un terreno común. Estamos haciéndole partícipe del proceso creativo y a la vez explicándole mejor nuestras ideas.
La metodología ágil pone más valor en la “comunicación cara a cara” entre las personas y en la interacción con prototipos porque permite obtener retro-información continua durante el desarrollo porque “genera ideas imposibles de concebir en un primer momento”.
Conceptos: diseño web, metodología ágil, Práctica del Diseño

