‹ A*C: Lugares de las industrias creativas y culturales •
ATRAVESAD*S POR LA CULTURA
mayo/junio 2009
2ª sesión
Lugar: Patio Maravillas
Invitados: Raúl Sánchez (Universidad Nómada) y Jesús Carrillo (responsable de Programas Culturales del MNCARS)
Estaba anunciado Marcelo Expósito de Transform pero no pudo venir.
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Continúo con mi particular relato de estas jornadas (que en ningún caso es el relato “oficial”, ni lo pretende). Son sólo mis notas y anotaciones a lo que haya podido aprovechar de las mismas.
Esta segunda sesión contaba con dos intervenciones con enfoques diferentes; simplificando mucho, el dentro y fuera de la institución. En realidad, creo que las experiencias de ambos ponentes no son ajenas una de la otra. Aunque Jesús proviene de la universidad y ostenta ahora una responsabilidad en el Museo, también ha estado vinculado al “activismo” desde finales de los 90 (así se presentó el mismo). En el caso de Raul quizá aparece antes su faceta política pero todos conocemos además su enorme bagaje intelectual y discursivo.
En esta primera parte he hecho el ejercicio de volver con atención sobre la intervención de Raul, tan rica y llena de ramificaciones conceptuales, a partir de mis notas y escuchando reposadamente el audio de la sesión y, como siempre ampliando algunas referencias en la red.
Comenzó éste último introduciendo el tema y posando las bases de lo que podrían ser esas instituciones de lo común, y de la posibilidad de recuperar el margen crítico/político de los productores culturales/creativos, cooptado por las Instituciones digamos convencionales.
Estas son algunas de las ideas que yo pude rescatar:
a) Todas las tranformaciones de las instituciones estan muy relacionadas con la crítica institucional llevada a cabo desde la propia cultura y el arte. La carga crítica vinculada a cultura y arte de vanguardia, dadaismo, surrealismo, al situacionismo, fluxus etc, es más o menos conocida. La inclusión en el contenedor simbólico que es la institución Arte y en la Historia se realiza en base al vaciado de la raíz subversiva y viva de toda producción cultural —en el caso de las vanguardias ocultado su vinculación a las luchas obreras. Crítica que va saltando de la separación entre arte y vida —la incapacidad de transformar la realidad—, a la musealización —expropiación de la raiz subversiva y vital del arte para transformarlo en “Patrimonio”— y finalmente a la espectacularización de ésta —en la era de la mercancía total, la vida entera es transformada en espectáculo “si no se constituye como vida política, citando a Debord, si no se plantea como “construcción de una situación en tanto que secuencia libre de acontecimientos, en tanto que imprevisibilidad y construcción libre del propio devenir colectivamente”. El situacionismo y Mayo del 68 constituyen el punto más alto de la crítica con la impugnación a la totalidad de las instituciones convencionales.
Sin embargo resultan paradójicas las transformaciones políticas, institucionales y productivas producidas con posterioridad, en los últimos 30 años. Esto es, junto a la eliminación simbólica (la supresión de su memoria) de las luchas emancipatorias, la recuperación para el sistema de su bagaje discursivo crítico, del “excedente” político que, neutralizado, es incorporado al discurso de la mercancía. Esto se produce no por arte de magia sino relacionado con sucesivas derrotas políticas y culturales de “proyectos subversivos, emancipatorios” acaecidas durante los 70 y 80 (R. recorre en su exposición desde los grupos neo-revolucionarios a las “minorias de deseo”, esto es, feminismos, luchas gays, experiencias de autonomía, y proyectos emancipatorios en latinoamérica borrados por las dictaduras, etc).
El marco de esta reflexión es “El nuevo espíritu del capitalismo” de Boltansky y Chiapelo, —las nuevas formas del capitalismo (nuevas teorías del managment, del emprendizaje) se apropian de los discursos en torno a la “autenticidad de la experiencia estética, de la critica de la institución vieja, cerrada, de lo social, museística y/o cultural etc. … y lo han convertido en “el alma” de la nueva empresa en el marco de la sociedad de la comunicación; en el contenido lingüístico, afectivo, cognitivo de la producción, es decir en el contenido cultural de la mercancía”.
El nuevo capitalismo se hace también con las formas de vida propuestas, con la crítica al trabajo en la fábrica, contra la estructura burguesa de la familia, etc., se hace con la llamada “crítica artista” (mayo 68, situacionismo, etc.) la interioriza y nos la devuelve en la forma de un nuevo capitalismo, fluido, atomizador, etc. que implica ahora la totalidad de las energías de la persona, su capacidad creativa, su tiempo de ocio, sus deseos, sus afectos etc.
b) Cambios de paradigma en la producción social.
Primero, la dinámica del mercado ha trasladado su foco de la producción de objetos —que vendrían a cubrir “necesidades” previamente detectadas mediante estudios—, a la producción de públicos —es decir, a la creación de esas necesidades, producción de la demanda, con anterioridad a cualquier producción material. {Con esto adquiere especial importancia la “economía del símbolo”, el control de la producción de imaginario, y por tanto, la administración de la producción cultural y creativa a través de las industrias de la comunicación}
“Lo principal es la construcción subjetiva de un mundo posible compartido entre distintos sujetos, es decir, un público, y la relación entre… esa esfera de lenguajes, deseos, imaginarios… ligado a un producto y la materialidad misma de ese producto”
La industria de la serialización se ha transformado en una industria de la singularización, de la particularización del deseo y su motor es el ciclo de la innovación/obsolescencia, puesto que el “sex-appeal” de los productos se agota. De manera que hoy la industria cultural es la industria “pesada”, central, la que tiene la capacidad de expropiación de la energía creativa de las redes sociales, de la comunicación pública, de las redes difusas.
Segundo, la defensa de la institución pública (discurso crítico progresista habitual) se hace muy difícil porque la dicotomía entre “Publico” y “Privado” no funciona ya —la institución pública ha priorizado la privatización de recursos estatales al someterlos al régimen empresarial del emprendizaje; las dimensiones comunes de la creación están tanto en lo privado como en lo público, forman parte de la socialización metropolitana, más próximas a otra dimensión, lo Común: “Quien determina lo que es privado y público es la fuerza pública, un elemento arbitrario”. Lo Público como gestor de los recursos de la creación no garantiza el acceso de forma no expropiable a los recursos, entre otros porque en los últimos 30 años, en paralelo a estas transformaciones, se produce una brecha entre la representación política y los movimientos sociales (entre sistema de partidos, instituciones y sujetos sociales).
{Hemos de distinguir ahora entre Público y Común (ver Procomún) ya que, como Antonio Lafuente indica, lo “público” señala ahora a un régimen de gestión propietario, cuyos bienes son por tanto enajenables, por más que estos sean mas o menos accesibles a un grupo amplio de población o que sean gestionados por el Estado}.
Tercero, por necesidad ha cobrado importancia el nuevo escenario para la institución cultural que es el de la “Gobernanza Cultural” (ver Gobernanza), que constituye el nuevo ámbito de mediación con la multitud de productores y agentes culturales. En parte porque “la institución pública carece de poder para estructurar ese campo… sobrepasada por las instituciones privadas y financieras… empresas de comunicación y de producción de contenidos”, ha perdido su poder de mediación o su posición fuerte en la definición cultural (que no la autoridad que les presta su carácter pública).
El panorama está partido entre los grandes actores de las industrias culturales y el magma difuso de los productores que actúan desde la subordinación de su singularidad creativa (”vendiendo” su capacidad de creación o siendo expropiados de ella). Las instituciones necesitan por tanto acercarse a dichos actores mediante la “Governace” Cultural.
Señala las ambivalencias que ésta recuperación de la crítica artista ha traído, en la medida en que aparece un sujeto explotado, subordinado, sus proyectos malogrados (desde el punto vista objetivo: en la “obtención de renta, en cuanto a su posición profesional, su trayectoria vital, expresiones políticas”) pero al mismo tiempo subjetivamente, encontramos una tensión no resuelta entre los ideales de la crítica artista (tener una vida auténtica, basada en la creatividad, con retos propios, el narcisismo inherente a la autorealización etc) y esas condiciones objetivas dentro de las industrias creativas.
“Cinismo, oportunismo y miedo” (señalados por Paolo Virno como recursos productivos posfordistas, —el sistema basado en la producción de públicos) suplementados con los ideales de los productores creativos de “autenticidad, singularización de la propia vida y proyecto”, componen la ambivalente posición en que trabaja en productor cultural singular.
De manera que él o ella mism* funciona como agente de precarización, tratando de desarrollar ese plus de libertad a costa de malas condiciones, a costa de la expropiación de su creación a manos de quienes poseen el capital o las vías legales de desposesión, a costa de la introducción de ésta en una lógica de mercado, o en formas de dominio cultural al servicio de proyectos de gentrificación del espacio público (Ayuntamientos, corporaciones) etc.. Citando a Marazzi: “El capitalismo está en nosotros”. La producción de execdencias políticas, de libertad, de mundos posibles, del trabajo creativo se demuestra imposible en las condiciones de la insdustrias creativas.
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De ahí que define el problema de las instituciones como acuciante, envuelto en estas paradojas. Seria necesaria una adecuación de la crítica cultural al escenario de la Gobernanza. Las producciones de sentido singulares, los pequeños proyectos, realizadas desde la extrema debilidad de los productores antes descrita, que generan sus públicos pero son incapaces de generar “subjetivaciones políticas” son perfectamente gestionables desde la gobernanza cultural:
“el sentido de la crítica circula pero la encarnación en un cuerpo político es lo que la Gobernanza Cultural se encarga de neutralizar”
Son expropiables no sólo en su dimensión económica —en el sentido de la auto-precarización, dar mucho por casi nada, o de la trampa de la “empresarización”, del crédito, el endeudamiento y de la culpa (si tu proyecto no funciona económicamente tampoco será bueno…)—, sino también expropiables en su capacidad de fortalecimiento de las propias “cuencas creativas” de las que son extraidas —los proyectos singulares hunden sus raices en los comunes de la creatividad difusa, colectiva que son así expropiadas por las industrias creativas. Mas adelante, Raul desarrolla muy bien este concepto de cómo la creatividad se encuentra hoy fuera de los ámbitos formales tradicionales (facultades, títulos etc) y pertenecen a ese ámbito de los comunes, que circulan por la “ecología de las redes”, y al que se dirigen las compañías e instituciones de las industrias creativas y culturales en busca de lo novedoso.
Bajo estas condiciones el panorama favorece un “cierto pesimismo”.
La materia a discutir pasaría por cómo la auto-organización de los productores/as del trabajo creativo (Marx: Trabajo vivo-creativo, que añade valor, fuente de la riqueza), cuando ese trabajo no es sino la expresión de un medio común —de hecho el gran problema de las instituciones artísticas así como de la industria es la búsqueda del afuera, de la innovación, de aquello que emerge por doquier y constituye ese común omnipresente, que se singulariza en los pequeños proyectos—, cómo podría desembocar en la creación de instituciones que valoricen esas excedencias de que hablaba, éticas, políticas, creativas, colectivas, que nacen de toda creación colectiva.
Las instituciones tradicionales no nos valen (gremios, asociaciones profesionales, sinergias entre museos e instituciones privadas, formas sindicales tradicionales, etc. porque las singularidades de las que hablaba no se pueden homogeneizar. Lo común emerge de la multiplicidad de singularidades, que al mismo tiempo beben de las cuencas creativas y las conforman, surge de la “colaboración de cerebros”.
Las instituciones de lo común deberían reflejar la dimensión de creación, deberían tener una dimensión proyectual, abierta, explícitamente política, deberían recoger esa multiplicidad y, a la vez, defender el interés de lo común.
Como respuesta al malestar de l*s creador*s en el panorama de las industrias creativas, deben ser instituciones de des-individualización (”de des-sutura de la creación a la forma individuo-creativo”, que es una forma de vulnerabilidad) y de contratación colectiva, de búsqueda de formas legales adecuadas a la estructura red, como forma de producción, y defensa de esos comunes frente a la industria.
Es fundamental lograr que las Instituciones devuelvan al Común lo que de éste capturan, que no se produzca la expropiación de ese común a través de las individualidades que constituyen ese magma.
Inventar prototipos, y hacerlos valer, en el ámbito del derecho relativos al procomún, como desarrollo de los antiguos “commons”, de los nuevos comunes de la creación colectiva, que contemplen “infraestructuras que en todas las secuencias de la producción del procomún permitan capacidades autónomas de producción… fuera de las industrias culturales de cualesquiera sujetos, que haya una dimensión empresarial propia que no excluya la producción de una riqueza, de medios de vida, dentro de la esfera del procomún” (citando a Yochai Benkler).
Esta no es una crítica del mercado, sino del mercado capitalista, un mercado que expropia, mediante estas figuras de la precarización, individualización y la propiedad intelectual, las capacidades de producción común de l*s productor*s.
Las instituciones de lo Común tendrían esta tarea de “la defensa del interés de lo común, la promoción de las capacidades autónomas de producción creativa común, que involucran una nueva figura de la esfera pública y del mercado, en el que todas esas singularidades y esos proyectos construyen una esfera pública no-estatal pero también no-privada (al margen de ambas dado que las empresas privadas te exprimen y las públicas te dividen, te paralizan, te meten, en dinámicas de puro nicho y en ocasiones cooptación, recuperación etc).
Es decir que promuevan una esfera de autonomía tanto en la producción de riqueza cultural (de sentido político, creativo, etc) como económica de l*s productor*s y preserve el ecosistema del común.
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Procomun
Un proyecto en defensa del bien común
CESIC
“Todos esos objetos que hemos mencionado llegaron al museo como testimonio de una cultura nueva que por su naturaleza misma pertenecía a todos y no era de nadie. Eran expresión fehaciente del ensanchamiento de la esfera de lo público y por eso hemos hablado en el título del museo como casa de los comunes. Los comunes, sin embargo, sufrieron en toda Europa un paulatino proceso de cerramiento que los convirtió en patrimonio público, una transformación que disolvió su primera naturaleza abierta y que les condujo hacia el régimen propietario de gestión “.
El museo como casa de los comunes: nuevas tecnologías y nuevos patrimonios
Antonio Lafuente
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La gobernanza es un nuevo enfoque de las formas de gobierno, orientadas al desarrollo, la eficacia, la calidad; frente a los modelos de fuerte intervención estatal (en torno a 1950) o del “Estado Mínimo” (los 80), buscaría ahora un equilibrio con el mercado y una relación más cercana a la sociedad civil, entendiendo por esto a las empresas y otros agentes sociales formales, que no se subordinan jerarquicamente al Estado sino que se integrarían en red. Conlleva por parte del Estado una cierta cesión de ámbitos de actuación aunque no de de su regulación.
Algunas fuentes en internet, entre otros cientos: esta la wikipedia, claro; encontré esta comunicación: Importancia de la transparencia en la gobernabilidad democrática de Alejandro Carrillo Castro, que incluye varias definiciones del término citando diversas fuentes “autorizadas”; y el estudio “El MACBA i el CCCB. De la regeneració cultural a la governança cultural” de Joaqim Riusque parece interesante.
Conceptos: governance, procomún, trabajado*s culturales

